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El suelo de una planta agroalimentaria: por qué no vale cualquier pavimento

Pavimento higiénico para industria agroalimentaria sin juntas

De todos los sectores en los que trabajamos en Godur, el agroalimentario es el más exigente con el suelo. Un pavimento higiénico para industria agroalimentaria no es una exigencia de papel: mal resuelto, en una sala de despiece o una planta de envasado, es un problema de higiene, de seguridad y, en el peor caso, de una inspección que te para la línea.

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Llevamos más de 30 años pavimentando plantas agroalimentarias en Andalucía, y queremos contar qué hay que mirar de verdad antes de decidir.

El enemigo invisible de un pavimento higiénico: las juntas

En un suelo alimentario, cada junta es un sitio donde se acumulan restos orgánicos, agua y bacterias. Por eso el pavimento continuo (sin juntas) es el estándar en este sector: se limpia de un lado a otro sin recovecos donde se esconda la suciedad. Un suelo de baldosa con llagas, por bonito que sea, es un foco de problemas en una zona de manipulación de alimentos.

El encuentro suelo-pared: la media caña

Se habla mucho del suelo y muy poco de dónde el suelo se encuentra con la pared. Y ahí es donde fallan buena parte de las auditorías de higiene que nos cuentan nuestros clientes. Un encuentro en ángulo recto acumula suciedad en la esquina y es imposible de limpiar bien con manguera: siempre queda esa línea oscura que no se va.

La solución es la media caña, un radio curvo de unos diez centímetros que sube por la pared y convierte el suelo y el paramento en una sola pieza continua. Se limpia de una pasada.

Lo importante, y es donde vemos fallar a otros: la media caña tiene que ejecutarse con el mismo sistema que el pavimento y a la vez, no pegada después como remate. Una media caña añadida al final acaba despegándose, y una media caña despegada es peor que no tenerla, porque el agua entra por detrás y no se ve hasta que el problema es grande.

Resistencia química y térmica: el caso del agua caliente a presión

Las plantas agroalimentarias limpian con agua muy caliente, a presión y a menudo con productos químicos agresivos. Un pavimento epoxi estándar puede no aguantar ese choque térmico repetido y empezar a agrietarse. Para esas zonas solemos recomendar poliuretano-cemento, que soporta el agua hirviendo y los ciclos de frío-calor mucho mejor.

En una bodega de la campiña cordobesa nos encontramos justo este problema: el suelo anterior se cuarteaba en la zona de lavado por el agua caliente. Cambiamos a un sistema de poliuretano-cemento en esa área concreta y mantuvimos epoxi en las zonas secas. No todo el suelo necesita lo mismo, y ahí está parte del oficio: elegir el sistema por zonas según el uso real.

Sumideros y pendientes: por dónde se escapa el agua

Un suelo alimentario tiene que evacuar agua, y mucha. Si no hay pendiente suficiente hacia los sumideros quedan charcos, y un charco en una sala de producción es un problema de higiene y de resbalones a la vez. Trabajamos con pendientes de en torno al 1,5-2% hacia canaleta o sumidero: es lo que hace falta para que el agua corra de verdad sin que la superficie quede incómoda para las carretillas.

El otro punto crítico es el encuentro del pavimento con la canaleta. Es un borde, y los bordes son por donde un pavimento empieza a levantarse si no se resuelven bien: hay que cajear el perímetro, anclar el sistema y rematarlo contra el marco de acero inoxidable. Es un detalle de media hora en obra que decide si el suelo aguanta cinco años o quince.

Antideslizante, pero limpiable

Hay una tensión clásica en estos suelos: cuanto más antideslizante (más rugoso) es un pavimento, más difícil es de limpiar. La clave es ajustar el grado de rugosidad al uso de cada zona: máximo agarre donde hay agua y tránsito de personas, acabado más liso donde prima la higiene. Es un equilibrio que se decide en obra, no en un catálogo.

Qué preguntar antes de pavimentar tu planta

  • ¿El sistema propuesto resiste mi tipo de limpieza (temperatura del agua, productos)?
  • ¿Se adapta la rugosidad por zonas o me ponen lo mismo en toda la planta?
  • ¿La media caña va ejecutada con el mismo sistema y en la misma fase que el pavimento?
  • ¿Qué pendiente hacia sumideros lleva previsto el proyecto?
  • ¿Cuánto tiempo necesita la línea parada y cómo lo planificamos?

La normativa juega a tu favor si eliges bien

El Reglamento (CE) 852/2004 de higiene de los productos alimenticios es claro en su Anexo II: las superficies de los suelos deben mantenerse en buen estado y ser fáciles de limpiar y, cuando sea necesario, de desinfectar. Traducido a obra, es justo lo que hemos contado: continuidad, media caña y buena evacuación.

Trabajar además con una empresa certificada (en nuestro caso, ISO 9001 de AENOR desde 2005) facilita pasar auditorías de cliente y cumplir pliegos. En agroalimentario, donde las inspecciones son frecuentes, tener el suelo bien resuelto y documentado es una preocupación menos.

Si gestionas una planta y el suelo se te está quedando corto, escríbenos a administracion@godurandalucia.net. Lo vemos contigo y te decimos con franqueza qué sistema encaja.