«Que sea antideslizante» es de las frases que más oímos al empezar una obra, y de las que menos significan por sí solas. Un pavimento antideslizante industrial no es una propiedad que se tiene o no se tiene: es una clase, se mide, y la que necesitas depende de la zona. Vamos a explicar cómo se clasifica, qué te exige la normativa y cómo comprobarlo, porque es de las pocas cosas de un suelo que se puede verificar con un número.
Dos escalas distintas, y conviene conocer las dos
En España conviven dos formas de clasificar la resbaladicidad, y se confunden constantemente.
La del Código Técnico (CTE), obligatoria en edificación. El documento DB-SUA mide la resistencia al deslizamiento con un ensayo de péndulo y da un valor Rd. Con él clasifica los suelos en cuatro clases, de 0 a 3, y asigna a cada zona del edificio la clase mínima que le corresponde. A grandes rasgos: zonas interiores secas y llanas, clase 1; con pendiente o escaleras, clase 2; zonas húmedas —vestuarios, baños, cocinas, entradas desde el exterior—, clase 2 o 3 según la pendiente; exteriores, duchas y piscinas, clase 3. La tabla completa está en el DB-SUA del CTE y es de consulta pública.
La escala R, de origen alemán y muy usada en industria. Va de R9 a R13 y se obtiene en un ensayo de rampa con aceite: una persona camina sobre la muestra mientras la inclinación sube, y la clase depende del ángulo al que resbala. R9 es el mínimo; R13 es lo que se pide en zonas con grasa permanente, como una sala de despiece. Los fabricantes de sistemas industriales suelen dar sus acabados en esta escala.
No son equivalentes y no se convierten una en otra. Si un proyecto pide una clase del CTE y el fabricante da una R, hay que pedir el ensayo que corresponda.
La trampa: más rugosidad no siempre es mejor
Aquí es donde la experiencia de obra vale más que la ficha técnica. Un acabado muy rugoso —R12, R13— resbala menos, sí. Pero se limpia peor, retiene suciedad, desgasta las fregadoras y, en agroalimentaria, puede ser un problema higiénico: la rugosidad que evita el resbalón es la misma que aloja residuos.
Por eso en un pavimento para industria agroalimentaria no se pone «lo más antideslizante»: se busca el equilibrio entre la clase que exige la zona y la limpieza que exige el proceso. Y ese equilibrio cambia de una sala a otra dentro de la misma planta. Una zona de envasado seca y una zona de lavado con agua a diario no deberían llevar el mismo acabado, aunque estén a diez metros.
En sanitario pasa algo parecido, con un matiz: ahí además pasan camas y sillas con ruedas pequeñas, y una rugosidad excesiva se nota en cada traslado.
Cómo se consigue un pavimento antideslizante industrial
En un pavimento continuo de resina, la resistencia al deslizamiento se da con un árido —cuarzo, normalmente— espolvoreado sobre la capa de resina antes de que cure, y sellado después. La granulometría del árido y cuánto sellador se pone encima deciden la clase final. Es el principio del sistema multicapa, y permite ajustar el acabado por zonas sin cambiar de sistema.
Lo que no funciona es intentar arreglarlo después: un pavimento liso ya curado no se vuelve antideslizante con una capa fina encima. Se decide antes.
Cómo comprobarlo en obra, que es lo que importa
Para el comprador, lo práctico:
- Pide la clase por escrito, en la escala que te aplique, antes de aplicar. No «antideslizante»: clase 2, o R11.
- Pide el ensayo del acabado propuesto, no del sistema genérico. La misma resina con distinto árido da distinta clase.
- Comprueba que cada zona lleva la suya. Rampas, zonas de agua y escaleras no van como el resto.
- Después de aplicar, se puede medir. El ensayo de péndulo se hace in situ. Si hay duda, se mide, no se discute.
- Piensa en la limpieza desde el principio. Pregunta cómo se va a limpiar esa rugosidad con las máquinas que ya tienes.
Lo que hemos aprendido en obra
Que la clase antideslizante se decide con el responsable de producción delante, no solo con el de prevención. Uno quiere que no resbale; el otro quiere que se limpie en el turno de noche. Cuando solo se escucha a uno, el suelo acaba dando problemas al otro. El acabado bueno es el que los dos firman.
¿Tienes una zona donde la gente resbala, o un proyecto que exige una clase concreta?
Cuéntanos qué zona es, si hay agua o grasa y cómo se limpia, y te decimos qué clase corresponde y cómo se consigue. Sin compromiso.
